Primer Relato ficticio

Colección VIDAS y sus Relatos Cortos

PRIMER RELATO FICTICIO

VITTORIA por C.J.Ruiz
Recreación de LA SCAPIGLIATA de Leonardo Da Vinci

HOMENAJE

AL MAESTRO LEONARDO DA VINCI

C.J. RUIZ

Mirada perdida, suave sonrisa casi inexistente…

Muy Da Vinci.

Ese prototipo de mujer que primará en toda su obra artística.

Conocida con la Despeinada, este retrato de Leonardo está pintado sobre tabla y su tamaño es de casi un DIN A4.

Me encanta conocer esa costumbre del maestro de ir siempre con su cuaderno, a todas partes, y dibujar en él todo lo que le llamaba la atención.

Seguramente este rostro común fue encontrado de casualidad en uno de sus paseos. La faz de una bella joven perfectamente capturada para ser utilizada, por ejemplo, como la imagen de la Virgen en uno de sus retablos.

Una pobre historia la de esta pintura…

No solo por ser un retrato sin nombre, como muchos otros casos, sino peor aún. A la Despeinada, según nuestra traducción, a pesar de no ser un simple boceto y estar pintada en una tabla como obra final, le corresponde simplemente ese mote que alguien a lo largo de estos siglos le concedió.

Seguro que ni siquiera fue consciente de su papel de retratada.

Por su mente puede que nunca pasara la idea de estar eternamente mostrada.

¡Y menos con esos pelos!

Leonardo, consciente o no, al tomar en su época imágenes de sus contemporáneos, nos ha dado la oportunidad de retomarlos hoy y recordarlos.

Personas comunes que seguramente no forman parte de los recuerdos de sus descendientes actuales, que seguro los hay. Personas como yo misma, que también desconozco cuál es mi linaje.

Deseo que esta colección, donde voy a recordar a dieciséis imágenes creadas por el maestro sin nombre atribuido, nos ayude a rememorar aquel difícil tiempo pasado, a la vez que reparemos en que nunca mejor que ahora, que nuestras existencias superan con creces a la de aquellos de antaño. Aunque con tristeza tengamos que aceptar que seguimos conviviendo con la misma pobreza, pues en eso nada hemos evolucionado.

Os presento a mi primera candidata, Vittoria, que con esta pensativa imagen inaugura mi colección de VIDAS.

Difíciles días han transcurrido intentando hacerme entender.

Mis manos se paralizaron aquella mañana y no había manera de seguir.

Ha sido el periodo de abstinencia más largo que he tenido. Me había asaltado la duda de si sería capaz de volver a pintar. Si el problema era que ya se había agotado la magia que me traje de Florencia. Pero no… volvía a ser solo una cuestión de paciencia y observación. Coraje de mujer que no me ha permitido retomarla hasta no cumplir sus deseos.

La idea de intercalar una nueva colección antes de terminar mis rincones, me asaltó el día que reparé, entusiasmada, que quedaba muy poquito tiempo para celebrar el quinto centenario del fallecimiento del maestro Leonardo; mi inspirador.

Crearle un pequeño homenaje se convirtió en mi plan más inmediato y me puse a idearlo.

Empezaron a invadirme ideas de crear una maxiobra. Elegir a varios candidatos pintados por él y traerlos de nuevo a nuestro siglo, recreados en un gran formato además de darles mucho colorido, cambiando, para esta especial ocasión, mi característico y monocromo color.

La Scapigliata fue mi primera elegida pero… no había manera.

Todas las pruebas que ponía en marcha eran un total fracaso. No me gustaba nada esa frágil damisela en tan desmesurado tamaño.

Mis manos, apáticas durante varios días, no lograban dar con ese toque singular. Realmente no me permitieron atrapar el alma de esa imagen hasta que probé en hacerlo en la pequeña tabla de una mesa de Ikea que a mi lado yacía desmontada.

Como si lo hubiera estado esperando… su alma brotó con tan solo su perfil delineado.

Menos es más, una lección que estoy poniendo en práctica.

Pero la prueba de fuego fue el color. La paleta colorida escogida aguardaba paciente su intervención, pero no llegué a utilizar esa gama violácea. Vittoria, el nombre concedido a mi recreada me pidió no abandonar mi esencia.

Ese color que llegó a mí por casualidad se ha convertido así en mi sello de identidad.

Viéndola terminada me ha demostrado, una vez más, lo importante que es prestarle atención a los detalles.

Preguntarte por qué suceden según qué cosas y dejarte llevar, abandonarte y que todo fluya a voluntad.

Y como la imaginación es libre y esta dama se habrá encontrado muy sola expuesta durante más de quinientos años, sin saber por qué, rodeada de desconocidos, en un ambiente de ostentación irreconocible para tan sencillo ser, me ha asaltado la idea de concederle una hermana con la que compartir su historia ficticia, con la que doy comienzo a mis relatos de lo que pudo ser.

Dos jóvenes hermanas corretean calle abajo por la ciudad de Florencia.

Sus humildes vestimentas vuelan junto a sus enloquecidos pies, pues es tanta la velocidad alcanzada y tanta la pendiente existente, que ríen atropelladamente por no poder parar.

Un cansado maestro reposa sentado en la ladera, junto a una fuente donde el agua fresca invita a beber. En su cuaderno abierto dibuja el valle, y en sus trazos magistrales se vislumbra ese efecto del sfumato que se le va a reconocer.

Las muchachas agotadas, despeinadas y sudorosas llegan hasta él, ansiando saciar su voraz sed con el agua que brota.

Sumergidas sus manos en el líquido transparente advierten la presencia masculina, y una sutil coquetería las avergüenza haciendo inclinar sus cabezas, mirando con bondad ese agua que se van a beber.

Un rápido esbozo de la sabia mano del artista capta ese momento. La leve sonrisa de una de ellas, su mirada perdida… su alborotado cabello.

Mis «despeinadas» marchan cabizbajas, haciendo volar sus largas faldas al son de una música imaginaria, con unos pasos que casi son danza.

No tardan en volver a hacer sonar una gran carcajada y coger carrerilla, a ver quién llega antes al final de la bajada…